viernes, 29 de abril de 2011

Clase del 27 de abril

Continuando con el análisis de los géneros literarios, en esta ocasión nos referimos al DIDÁCTICO O ENSAYÍSTICO. Recordemos que en clases anteriores trabajamos el NARRATIVO (en el cuento El marica, de Abelardo Castillo) y el LÍRICO (en los poemas de Pizarnik, Bukowski, Vallejo y Mairal).

El ejemplo utilizado en esta ocasión, fue un fragmento de El río sin orillas, obra ensayística del autor argentino Juan José Saer, en el que se hace referencia al asado.

Definimos el ENSAYO como una obra en la que se realiza la interpretación de un tema (humanístico, filosófico, político, social, cultural, deportivo, etc.), de manera libre, y con un especial cuidado en el estilo del texto. Este afán estético puede resultar difícil de definir. Nomás digamos que es lo que lo distingue, por ejemplo, del afán informativo de un artículo periodístico, o el divulgativo o de conocimiento de un texto científico. Para el ensayista, como para los cultores de otros géneros literarios, la forma es tan importante como el contenido.

Como es costumbre, aprovechamos la interpretación del texto literario para tratar de comprender algún aspecto del estudio de la lengua. Así como ya analizamos la sintaxis (relaciones de las palabras al interior de la oración) en clases anteriores, en esta ocasión nos ocupamos de otro aspecto de la lengua: el semántico.

Definimos la SEMÁNTICA como la ciencia que estudia el significado

Para entender la noción de significado, nos remontamos a los elementos de la palabra como signo lingüístico:
1) el significante o parte material (digamos la palabra misma);
2) el significado o imagen mental que sugiere el significante;
3) el referente o elemento real, existente, al que se refieren tanto el significado como significante.

Especificamos el por qué de considerar al significado como una idea o imagen mental, en vez de tomar al referente mismo: se debe a que existen muchas palabras que no tienen necesariamente un referente palpablePensemos por ejemplo en palabras como "ángel", "espíritu", o en sustantivos abstractos como "bondad", "compromiso", etc. Por ello, porque la lengua se ocupa tanto de lo material como de lo inmaterial, es que se hace necesario hablar del significado como una imagen mental que acompaña a cada palabra que escribimos o pronunciamos.

Nos referimos, por último, a los dos componentes del significado:
1) la Denotación, es decir el sentido literal de las palabras, apenas lo que dice el diccionario y sin tener en cuenta nuestro punto de vista ni la situación.
2) la Connotación, que es lo que solemos llamar sentidos figurados de una palabra. Aquí la palabra recibe nuevas significaciones, que tienen que ver con nuestra propia vivencia de la misma.

Al distinguir predicados que se le asignan al sujeto "asado" en el texto de Saer ("carne asada a las brasas"; "núcleo de la mitología de los argentinos"; "rito y promesa"), pudimos advertir de qué manera funcionan la denotación y la connotación en nuestro uso cotidiano de la lengua.

¿O acaso cuando decimos: "che, qué bien nos vendría un asadito", nos referimos nada más que a la "carne asada a las brasas"?

El mismo Saer insiste una y otra vez con que no es así; con que nuestra imagen mental del asado va mucho más allá de la simple denotación ("carne asada a las brasas"), para traernos a la mente todo un mundo de vivencias y sensaciones compartidas.

Y eso ocurre a cada momento, por la simple razón de que la lengua está tan viva como nosotros. Tanto en la literatura como fuera de ella.

1 comentario:

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